Encontrar las enseñanzas en Cámelot

Por Teddy Ten Broeck

En 1978, conocí a una pareja de Sarasota, Florida, que estaba de vacaciones en las Islas Vírgenes en Estados Unidos. A mi regreso a Florida los visité y me dijeron que se estaban mudando a California. Más adelante, cuando me mudé a California, los visité y me dijeron que buscara las enseñanzas de los Maestros Ascendidos en Cámelot.

Fui a Cámelot durante una conferencia anual de Pascua y me encontré que tenía que pagar por asistir a la conferencia. Debido a que soy escéptico de las organizaciones religiosas, me negué. Luego, el encargado de la entrada me dijo que podía asistir al servicio del domingo de Pascuas al día siguiente de forma gratuita. Así lo hice y deambulé por ahí. Al ver que la capilla estaba llena, encontré que el césped fuera de la capilla desbordada estaba cómodo. Entonces escuché que hablaba una voz inusual que nunca había escuchado. Más tarde supe que era un dictado dado por Elizabeth Clare Prophet.

Jesus statue - CamelotLa voz era tan convincente que me acosté y cerré los ojos para concentrarme y evaluarlo plena e intelectualmente. Descubrí que esto era inútil porque el discurso estaba más allá de la evaluación intelectual, era una conversación profunda de alma a alma más allá de lo que jamás había experimentado. Así, me perdí dentro y fuera del estado analítico, volviendo ocasionalmente al pensamiento de la conciencia analítica externa, ¡Asombroso!

Finalmente, casi al final de la charla, la voz se identificó así misma al decir: “Soy Jesucristo, quien tiene todo el poder en el cielo y en la tierra para elevar por el poder del Espíritu Santo a quien elija como mensajero”. Me dije a mí mismo: “Por supuesto, no es algo de este mundo”.

Obviamente me perdí la mayor parte del contenido al intentar analizarlo por lo que pregunté cómo podía volver a escucharlo. Me dijeron que los dictados estaban grabados y que luego podría tomarlo prestado de la biblioteca, pero que a menudo los dictados los repetían en el siguiente servicio dominical.

Debido a que estaba emocionado como nunca fue difícil esperar otra semana porque las personas experimentan vidas enteras y nunca escuchan las palabras de los maestros. Así que esta fue una espera sorprendente para mí, solo para que me decepcionara en los servicios de las siguientes semanas porque no lo repitieron. Se me cayó el alma.

Más tarde, después del servicio dominical, ¡estaba rondando por la cocina cuando escuché la misma voz!

Dije: “¡Por fin!”, y corrí de inmediato a la cafetería y me detuve junto a la cocina, donde la gente dejaba sus bandejas sucias para que las lavaran. Apenas había prestado toda mi atención para no perderme ni una palabra por encima del ruido de los platos, cuando alguien se me acercó y me dijo que tenía que irme. Sintiéndome insultado exclamé: “Escuché esto hace una semana y ahora me está pidiendo que me vaya?” Otro acompañante luego se unió para preguntarme si yo era un guardián.

Breve y rápidamente dije impulsivamente: “No, no soy un guardián, pero voy a ser un guardián”. Todo lo que quiero hacer es escuchar este dictado y luego me marcharé. Me invadió una tranquila determinación en la que decidí que me iba a quedar, y que la única forma en que podían sacarme era arrastrándome, pero no pelearía.

En un momento, el primer caballero le dijo al acomodador: “Creo que será mejor que dejemos que se quede”. A lo que el acomodador me respondió: “Está bien, pero tienes que irte después de que termine”. “Por supuesto, lo prometo”. Respondí rápidamente.

Y esa fue mi iniciación en las enseñanzas, tal como me dijeron que la gente la recibe. Nunca cuestioné ni dudé de ese primer dictado de Jesús de Pascuas de 1983, sino que asistí a todos los servicios que pude y a cada conferencia trimestral por más de 12 años.