El sendero que me llevará a Casa

Por Rev. Zaida González

Rvda. Zaida GonzalezDesde que tuve uso de razón, buscaba en mi interior un anhelo por hallarle sentido a mi vida. El concepto de la reencarnación no fue nuevo para mí, siempre pensé que existía, y mi lógica para sustentar esa idea era muy primitiva, creo que provenía de un conocimiento arraigado desde hace mucho tiempo.

Nací en un hogar modesto, soy la primogénita, luego al año vino mi hermano Daniel y 16 años después, mi hermano Roberto.

Recuerdo que mi madre practicaba la religión católica a su manera: no iba a misa, pero siempre todos los Miércoles de Ceniza iba a la Basílica de Santa Teresa, en Caracas-Venezuela, para cumplir con la promesa que le había hecho al Nazareno de san Pablo* (una escultura de Jesús cargando su cruz) cuando Daniel, mi hermano mayor, enfermó gravemente. Milagrosamente mi hermano se curó y nunca más padeció de esa enfermedad. Mi mamá era muy generosa y servicial, le gustaba ayudar a los demás y era muy aplicada en los asuntos del hogar.

Mi padre no es religioso, aunque reconoce que Dios existe y siempre le reza antes de irse a la cama, según me dice. Todavía, a sus 85 años le gusta trabajar. Desde joven trabajó muy duro y disciplinadamente. De él aprendí el amor por el trabajo y la disciplina.

A medida que crecía y en mis años adolescentes, a pesar de los muchos inconvenientes y pruebas, hacía lo posible por encontrar respuestas a las cosas que me sucedían, nunca perdí la fe en Dios, y menos en Jesús. Recuerdo que siempre cargaba un crucifijo en mi dormitorio y lo besaba cuando me iba a estudiar o a trabajar, y me persignaba muchas veces, porque no estaba segura si lo había hecho antes y no quería sentirme desprotegida. Y lo mismo hice cuando ocurrió el terremoto en Caracas en el año 1969, pensaba que la tierra se iba a abrir y a tragarme completica, mi crucifijo siempre me acompañó.

Cuando comencé a trabajar a los 17 años, me interesé en los libros de autoayuda, muchos pasaron por mis manos, y me hacía sentir que yo podía mejorar las condiciones de mi vida y salir del cascarón, como quien dice, era muy introvertida, aunque todavía lo soy. Pero intuía que tenía que prepararme para hablar en público.

Después llegaron otros libros, como los de Connie Méndez, la metafísica, que llevó a Venezuela las enseñanzas del Movimiento YO SOY y tradujo El libro de oro de Saint Germain, Misterios develados y la Mágica Presencia. Sin embargo, comencé con uno que ella había escrito y siempre anotaba en un cuaderno las afirmaciones que encontraba del YO SOY.

Muchos años después, en 1990, asistí a mi primer curso de metafísica después de atender una invitación en un periódico local. Acabada de dejar un coro femenino, al cual pertenecía, después de ir a una gira por Europa; quería hacer algo distinto —participar en el coro era algo que amaba, pero era muy exigente, yo trabajaba todo el día y los fines de semana siempre ensayaba. Cambié el canto por la metafísica, porque igual seguí ocupada los fines de semana. La metafísica abrió todo un mundo totalmente desconocido para mí, allí di clases para principiantes, leía muchísimo y se incrementó mi interés por conocer más de los maestros y familiarizarme con ellos. La metafísica fue el camino que me abrió las puertas para encontrar las Enseñanzas de los Maestros Ascendidos.

Feliz en Glastonbury en Montana

Por recomendaciones del grupo metafísico, adquirí el libro de La ciencia de la Palabra hablada, lo leí ávidamente en un viaje que planifiqué a una playa solitaria en un conocido archipiélago venezolano, Los Roques, el ambiente era ideal para compenetrarme con el libro, aunque confieso que entendí muy poco; sin embargo, se me grabaron las palabras de Isaías, 45, 11: “Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos”. Ese pasaje me motivó a dar los decretos incorporados en el libro y, además, pedirle a Dios.

En el año 1994 —en el grupo metafísico— me pasaron una invitación para ir a Montana, ya era guardián de la llama desde el año 1993, inmediatamente planifiqué mis vacaciones para asistir a la Conferencia de verano en Montana. Todo el mundo me preguntaba por qué había escogido ese remoto y lugar para ir de vacaciones. La gente no entendía, y yo me sentía muy feliz por hacer todo el viaje para llegar al Lugar de los grandes encuentros —e iniciaciones—. Todo un nuevo panorama se desveló ante mí: Encontrarme con una Mensajera viva. Ya había leído algunos dictados del Puente a la Libertad, y siempre me preguntaba por qué ya los maestros no daban mensajes desde la década de los cincuenta.

Mi corazón no cabía de tanta dicha, escuchar los dictados me hicieron sentir como si estuviera en el paraíso. Las charlas dejaron una marca indeleble en todo mi ser. Aunque, no dejo de admitir que los llamados para mí resultaron muy extraños, y al principio, me perturbaron. Pero el hecho de experimentar de primera mano, los decretos, los dictados y las enseñanzas que se dieron representaron una nueva dimensión para mi búsqueda espiritual. Intuía que estaba en el lugar que me ayudaría regresar a Casa.

El siguiente año, regresé a participar en SU durante 8 semanas. Cada día anhelaba ver a la Mensajera dando sus clases en vivo. Durante ese período, ponderé el hecho de solicitar mi ingreso en el personal, lo cual hice. Madre anunció mi aceptación durante la recepción de la presidenta de SU y ya el siguiente año viajé a Montana para unirme al personal. Por fin, ¡logré pertenecer a una organización religiosa y trabajar allí mismo!

liderando el coro

Participé de los Darshan con la Mensajera en el año 1997, año memorable para muchos de nosotros por ese contacto directo con Madre y las enseñanzas que dio acompañada de El Morya. ¡Qué regocijo! Después de los encuentros con la Mensajera llegaba a mi habitación llena de dicha y agradecida por experimentar de primera mano toda la sabiduría, amor y sapiencia de Elizabeth Clare Prophet de la mano de El Morya, fue algo muy significativo.

Mirando retrospectivamente en estos inicios, pienso que todo se aceleró cuando viene al Rancho Royal Teton por primera vez en el año 1994. Con razón, había pasado por situaciones tan difíciles desde mi niñez y esas experiencias fueron el pasaporte mediante el cual equilibré el karma necesario que necesitaba para iniciar mi entrenamiento ministerial en el año 1997.

En el 1999, me trasladé a Colombia para coordinar el Programa de Entrenamiento Ministerial, ya que el ministro encargado se iba de la organización. En el año 2003 me ordené como ministro. Hasta el año 2008 trabajé para la Iglesia Universal y Triunfante en ese primer ciclo.

En el año 2014, regresé de nuevo al Retiro Interno, los maestros me llamaron para continuar con mi labor sagrada esta vez en traducciones, posición que me encanta y en la que he tenido muchas satisfacciones al igual que iniciaciones.

...ese contacto directo con Madre

Continúo aprendiendo cada día más, agradeciéndole a Dios por cada oportunidad que me brinda, por las experiencias e iniciaciones, la aceptación de las cosas que no comprendo, y por estar rodeada de estas maravillosas montañas y la gente maravillosa que me acompaña en este viaje espiritual de regreso a Casa.

YO SOY,
Zaida

*El Nazareno de San Pablo es una obra escultórica del siglo XVII, tallada en Sevilla, España, en madera de pino y representa a Jesucristo cargando la cruz. Se dice que el escultor, Felipe de Ribas, después de terminar de tallar la imagen, El Nazareno se le aparece y le dice: “Dónde me has visto que tan perfecto me has hecho”. Luego, la llevaron a Caracas, Venezuela.

Nazareno de San Pablo

Cuenta la leyenda que, en el año 1697, una epidemia de peste del vómito negro o escorbuto azotó la ciudad, y por la devoción popular hacia la imagen, fue sacada en rogativa. Durante la procesión pasó por un huerto cercano a su templo, sembrado de limoneros, y un racimo de limones quedó enredado entre la corona de espinas del nazareno, cayendo algunos al suelo. Los devotos los recogieron, dándolos como medicina a los enfermos, quienes sanaron prontamente.